Con este fresco y colorista libro, la diseñadora y artista textil Molla Mills se adentra en un nuevo y fascinante universo: ¡tejer prendas de ropa con crochet!
De tal viaje surgen estos 22 diseños únicos: desde cárdigans con canesú que se adaptan a las mil maravillas hasta pantalones de grácil caída, camisetas y shorts. Prendas pensadas para el movimiento y el día a día en las que encontrarás rayas, cuadros y color, ¡mucho color!
Prefacio — 13
¿¡Qué aguja, qué punto!? — 16
Domina el crochet — 24
Chaqueta Muriel — 30
Camiseta y shorts Avery — 48
Jersey y calentador de cuello Bonnie — 64
Top de tirantes Blanche — 74
Cárdigan Bennett — 86
Chaleco Dorothy — 98
Falda Dottie — 110
Bufanda Elwood — 116
Jersey Gladys — 122
Bolso Gloria — 130
Blusa de encaje Marge — 136
Jersey y shorts Mavis — 146
Cárdigan y falda de tubo Norma — 162
Gorros Phillip y Parker — 178
Top y falda Stella — 184
Calcetines Velma — 196
Jersey Winifred — 206
Información sobre los hilos — 226
DE LOS PUNTOS AL ESTILO
Cuando era pequeña, encontré una desgastada aguja de ganchillo de metal y nunca me he separado de ella. Tejí todo lo que podía imaginar: seguía patrones, me desviaba de ellos o inventaba sobre la marcha. Creaba decoración para el hogar y accesorios, cada uno un tanto torcido, demasiado grande o demasiado pequeño, con colores extraños o hecho con restos de lana. Ese caos divertido hacía que experimentar fuera muy entretenido, y lucía con orgullo todo lo que tejía. El crochet era como un juego en el que los errores no importaban; de hecho, encendían nuevas ideas y descubrimientos. Todo estaba permitido, y por eso se convirtió en parte de mi vida, en una forma de expresarme.
Hasta el momento (tengo 46 años) he escrito ocho libros de crochet. A través de ellos he explorado interiores de hogar —de cestas a cojines— y el caprichoso mundo de los accesorios, además de diseñar decenas de bolsos coloridos que se han convertido en mis favoritos absolutos. Pero algo dentro de mí anhelaba volver a un crochet más experimental, probar nuevos hilos, usar colores que griten de alegría y vestirme con ropa hecha a mano creada por mí. Puede que fuera una inquietud creativa o el núcleo más profundo de mi identidad artesana llamándome de nuevo. Quería coger mi aguja sin ningún plan y dejar que mi imaginación fluyera a través del hilo.
Durante mucho tiempo estuve convencida de una cosa: las prendas de crochet son como una armadura. No se estiran, no se ajustan, no transpiran. Enfrentarme a esa certeza me hizo dejar de lado mis bolsos de crochet y replanteármelo todo. Quizá mi visión había sido demasiado limitada, a lo mejor solo había visto una versión de lo que podía ser una prenda de crochet, no su verdadero potencial.
¿LA ROPA SE PUEDE TEJER CON CROCHET?
Me adentré en un territorio desconocido. Una vez, un grupo de teatro me desafió a tejer un gorro rojo gigante, uno que pareciera hecho con la mano equivocada, en una habitación completamente a oscuras: lleno de agujeros, puntos caídos y cabos sueltos. Incluso los bocetos del diseño estaban dibujados en arena, se movían con el viento. La perfección no era el objetivo, la tarea trataba de crear sensación y atmósfera. Un punto de partida perfecto para una nueva dirección. Por curioso que parezca, aquel proyecto tan loco acabó dando inicio a este libro.
Aprendí que un tejido de crochet es ponible cuando no trabajas apretando los dientes ni con el punto agarrotado, demasiado tenso, medio sentada en un sofá duro, medio flotando en el aire. Es mejor tejer con el espíritu de alguien que acaba de reírse tanto que aún le lloran los ojos y luego se sienta junto a un elefante rosa, aguja e hilo en mano. Relajada pero erguida, la zona lumbar sin tensión, las muñecas descansadas. Manos que no aprietan demasiado, sino que sostienen la aguja con ligereza, como si fuera asfalto calentado por el sol.
La gruesa cuerda de algodón dejó paso a mezclas de lana ligeras, lino y mohair. La crochetera se acomodó y empezó a tejer. La técnica siguió a la sensación. A medida que cambiaban los materiales, se modificaba todo el proceso. Una muestra tras otra, matemáticas del punto, del amanecer al anochecer, elaboración de patrones con precisión de ingeniera, para luego deshacerlo todo de nuevo. Deshacer en otoño, mientras la aguanieve golpeaba las ventanas. Deshacer en primavera, mientras el hielo se derretía. ¡Más deshacer que tejer!
¿Y qué resultó de todo ese aprendizaje? Un canesú que encaja a la perfección. La cintura elástica para una falda. Una superficie calada y ligera. Unos pantalones que caen con suavidad. Pantalones, ¿te lo imaginas? Si los hubiera tejido un año antes, habrían sido tan rígidos que hubiesen podido caminar solos por la calle. Pero ahora son suaves, se ajustan al cuerpo, acarician las piernas; es el tipo de pantalón que no desentonaría en una semana de la moda. Esa evolución, de la duda a la destreza, me sorprendió incluso a mí. Me recordó que crear con las manos también es una historia de crecimiento personal. Aprendes tanto sobre ti como sobre el oficio.
Y al fin, aquí lo tenemos: un libro entero de prendas de crochet que se adaptan al cuerpo, transpiran y son cómodas. Retiro todo lo que dije sobre que el crochet es una armadura, y tejeré un jersey con esas palabras. En esta colección, el crochet no es solo una técnica, es un estilo de vida, un lenguaje de diseño, una filosofía de moda. Cada punto habla del coraje de explorar, del deseo de hacer las cosas de otra manera o de la alegría de crear algo bonito con tus propias manos.
Las raíces de esta colección están en la ropa cotidiana, esa a la que recurres a menudo. Pero los cortes son frescos, divertidos y modernos. Quise mantener una sensación de uso real para que estas prendas no acabaran perdidas en el fondo del armario. Cada diseño se concibió pensando en el movimiento y la vida diaria. Encontrarás rayas y cuadros, mangas que revolotean y formas elegantes. Y color, ¡mucho color!
Hay algo profundamente liberador en comprender que no tienes que ser «lo que se espera». El mundo ya tiene suficiente ropa idéntica saliendo de las cadenas del fast fashion, hecha con rapidez, desechada a la misma velocidad. Cuando tejes tu propia ropa, no solo creas algo único; estás resistiendo en silencio a la cultura de usar y tirar. Puedes elegir tus materiales, usar restos de hilo, deshacer y volver a trabajar. Cada punto se convierte en un pequeño pero significativo acto en favor de una moda más sostenible.
La ropa de crochet puede ser personal, expresiva y, sobre todo, cómoda. No tienes que elegir entre estilo y comodidad, puedes tener ambos. Cuando tejo con crochet, no pienso en las tendencias, sino en el estado de ánimo. Si algo encaja, está bien, responda o no a las modas. El crochet puede ser una alegre rebelión contra la uniformidad. Deja que tus prendas hechas a mano se contoneen, bailen al viento y rompan la grisura de la vida cotidiana como una burbuja brillante en una película en blanco y negro.
Vamos a tejer nuestra ropa favorita. Y cuidado, es absolutamente adictivo.
Abrazos,
Molla
Ó Molla Mills