Lee un fragmento
Las ideas no se materializan porque sean geniales, ni por casualidad. El mito de que las ideas geniales llevan inevitablemente al éxito ha perdurado durante demasiado tiempo. Tanto si has encontrado la solución perfecta para un problema cotidiano como si has creado un concepto nuevo y atrevido para un proyecto creativo magistral, tienes que transformar tu visión en realidad. Pero no se trata de un chispazo de genialidad: la capacidad de materializar ideas es algo que todo el mundo puede desarrollar. Solo tienes que modificar tus hábitos de organización, implicar a una comunidad más amplia y desarrollar tus capacidades de liderazgo.
Este libro trata de desmontar los mitos en torno a cómo se desarrolla el proceso creativo. A las personas creativas se las conoce por su espontaneidad: improvisar y actuar desde la intuición es, en cierto modo, la esencia misma de lo que hacemos y de quiénes somos. Sin embargo, cuando analizamos de cerca la manera en la que la gente más exitosa y productiva del mundo de la creatividad, el emprendimiento y los negocios materializa realmente sus ideas, resulta que la idea en sí es solo una pequeña parte del proceso, tal vez un 1 % del camino.
Fue Thomas Edison quien tuvo la famosa ocurrencia de que «La genialidad es un 1 % de inspiración y un 99 % de transpiración». Para la mente creativa, la inspiración llega con facilidad, pero ¿qué constituye ese otro 99 % de hacer realidad las ideas? Si sigues leyendo, encontrarás una serie de observaciones y consejos sorprendentemente pragmáticos, resultado de más de seis años estudiando el comportamiento y las habilidades de quienes son capaces de llevar a cabo sus ideas una y otra vez.
Un breve resumen
En las próximas secciones hablaremos sobre los métodos detrás de algunos logros espectaculares; ideas que han superado la adversidad y se han convertido en realidades. Pero, antes de ello, aquí va un breve resumen de algunos términos que utilizaré a lo largo del libro y de algunas suposiciones que hago sobre ti ¡y sobre tus ideas!
Tienes ideas que quieres hacer realidad. Independientemente de tu tipo de negocio o sector, el éxito depende de desarrollar y ejecutar nuevas ideas. Y no hablamos solo de nuevos productos, de ideas de negocio o de tu visión de la próxima gran novela del siglo. Probablemente se te ocurran soluciones creativas para los problemas todos los días.
Pero, por desgracia, da igual lo geniales que puedan ser tus ideas: la mayoría no llegará a hacerse realidad. La mayor parte de las ideas se pierde en lo que yo llamo «la meseta del proyecto»: un período de ejecución sostenida en el que tus tendencias creativas naturales se vuelven en tu contra. Como líder en tu negocio —y como líder de tu vida—, debes aprender a enfrentarte a estas tendencias.
Puedes desarrollar la capacidad de materializar ideas. Como resultado de mi estudio de individuos y de equipos creativos, voy a compartir las prácticas que se han usado para hacer realidad ideas una y otra vez.
Materializar ideas = ideas + organización + fuerzas colectivas + capacidad de liderazgo. Todas las observaciones y métodos que vamos a abordar tienen un marco común. Aparte de la generación de ideas —que no vamos a tratar aquí—, la capacidad de hacerlas realidad es una combinación de las fuerzas de organización, comunidad y liderazgo. Profundizaremos en cada una de ellas y analizaremos cómo puedes usarlas en tus propios proyectos creativos.
La organización te permite gestionar y llegar a ejecutar tus ideas. En nuestro mundo actual de exceso de información y conexión constante, tenemos que gestionar la energía con prudencia. Si no, es fácil caer en un estado de «dinámica de trabajo reaccionaria», en el que actuamos impulsivamente en vez de proactivamente y nos limitamos a mantenernos a flote. En esta vida todo debería considerarse un proyecto, y todo proyecto puede descomponerse en tres únicos elementos: pasos de acción, elementos de reserva y material de consulta. Lo que yo llamo «Action Method», que abordaremos en la primera sección del libro, es un compendio de las mejores prácticas para la productividad compartidas por líderes creativos. Este método ayuda a las personas con tendencias creativas a vivir y trabajar orientadas hacia la acción. Después de haber comprendido esta metodología, nos adentraremos en la priorización, la gestión de la energía y la atención, y la ejecución final de tus ideas.
Las fuerzas de la comunidad son inestimables y están disponibles fácilmente. Las ideas no ocurren aisladas del mundo. Tienes que aprovechar las oportunidades para expandir y después perfeccionar tus ideas a través de la energía de los que te rodean. En la segunda sección de este libro desgranaremos las fuerzas colectivas que hacen que las ideas cobren impulso.
La innovación fructífera requiere una capacidad única para el liderazgo. Liderar cualquier tipo de empresa creativa exige una revisión de cómo motivamos a otros y a nosotros mismos. Los líderes más admirados consiguen formar y coordinar equipos que son capaces de superar los obstáculos que se presentan en los proyectos creativos. También tenemos que desarrollar una mentalidad específica para poder soportar y sacar provecho de las dudas y presiones a las que nos enfrentamos por el camino.
Aunque la tendencia a generar ideas es bastante natural, la ruta hasta hacerlas realidad puede ser turbulenta. Este libro pretende equiparte con los métodos y las observaciones que te ayudarán a desarrollar tu capacidad para desafiar las adversidades y hacer realidad tus ideas.
Hacer realidad este libro
Siempre me he sentido un poco frustrado con la creatividad. Solía impacientarme al ver cómo a mis colegas y amigos se les ocurrían ideas geniales, pero terminaban distrayéndose con otras nuevas, además de con las exigencias del día a día. La poca probabilidad de que alguien llevase a término su idea me resultaba muy desalentadora. Después de una serie de trabajos y una licenciatura, mi frustración se tornó en fascinación y, finalmente, en una aspiración profesional.
Aunque resulte difícil de creer, todo empezó en Goldman Sachs, el banco de inversión. Después de un trabajo financiero verdaderamente árido en el sector de la Renta Variable europea, me invitaron a unirme a un grupo en la dirección ejecutiva de la empresa conocido como Pine Street: un pequeño equipo de profesionales dedicados al desarrollo de liderazgo y a la mejora organizativa. Mi labor se centraba en desarrollar el potencial de líderes innovadores tanto en la propia empresa como con grandes clientes, entre los que se encontraban fondos de alto riesgo y otras empresas de gran crecimiento. Este puesto me brindó una valiosa oportunidad para estudiar y difundir las prácticas de aquellos líderes que eran más eficientes a la hora de llevar a cabo sus ideas.
Mientras identificaba y difundía las mejores prácticas, pasé mucho tiempo observando a líderes de empresas que lidiaban con las fatigas diarias de coordinar a gente en un entorno empresarial en constante cambio. Al mismo tiempo, fuera de Goldman Sachs, empecé a trabajar de manera informal con diversas personas del ámbito creativo de Nueva York —fotógrafos, emprendedores, diseñadores, etc.— para ayudarlos a superar los desafíos de llevar a término sus ideas. Sus necesidades parecían interminables.
A lo largo de mis años en Pine Street, me di cuenta de que el mundo creativo necesitaba desesperadamente información de vanguardia sobre la productividad y el desarrollo de liderazgo. Los profesionales creativos, definidos como personas que se ganan la vida generando —y, a veces, ejecutando— ideas, constituyen lo que probablemente sea el colectivo más desorganizado del planeta. Pero estos mismos individuos son, en último término, responsables de ese diseño, entretenimiento, literatura y emprendimiento que aporta sentido a nuestras vidas. No solo vi una oportunidad, sino la responsabilidad de ayudar a quienes tienen ideas a superar los obstáculos para hacerlas realidad. Así pues, dediqué mi vida profesional a organizar el mundo creativo.
Mis experiencias dentro y fuera de Goldman Sachs me llevaron a cursar un MBA en Harvard al mismo tiempo que fundaba Behance, una empresa dedicada a organizar y empoderar al mundo creativo. Durante mi estancia en Harvard pude explorar la productividad en las industrias creativas, particularmente durante un proyecto de investigación independiente con Teresa Amabile, la afamada experta en creatividad en los negocios y profesora en Harvard Business School. Mientras tanto, reuní en Nueva York a un pequeño equipo de personas con un pensamiento afín, con las que compartía el entusiasmo, la curiosidad y el deseo de organizar al mundo creativo.
Lanzada en 2007, Behance Network es un colectivo online de millones de profesionales creativos líderes de todo el planeta.
A cualquier hora del día y de la noche, los miembros de esta red social publican sus últimos proyectos —que van desde diseños para grandes marcas hasta planos arquitectónicos de edificios, colecciones de moda y series fotográficas— para que sus colegas los reseñen y los clientes potenciales los tengan en cuenta. Millones de visitantes exploran estos proyectos cada mes. Cada proyecto es testimonio de una idea que ha sido llevada a cabo.
Behance proporciona organización, intercambio de opiniones, comunicación eficiente y promoción para apoyar las carreras de los profesionales creativos e impulsar la eficiencia en el proceso de selección de talentos. Mientras afinamos los distintos componentes de Behance, no perdemos de vista que nuestra misión es ayudar a los individuos y equipos de gente creativa a organizar su trabajo, colaborar y guiar a otras personas. A través de los datos de la red social —y de muchos grupos de estudio—, hemos recogido observaciones sobre cómo la gente con ideas cobra impulso y se mantiene comprometida.
A lo largo de los años, nuestro equipo en Behance ha continuado investigando y desarrollando métodos y herramientas para los líderes creativos. Hemos transformado los consejos y enseñanzas del Action Method en una línea de productos de papelería. En 2009, lanzamos el evento y «universidad» online 99U Conference para el intercambio de consejos y observaciones en torno a la puesta en práctica de ideas y a las carreras creativas más productivas.
El objetivo en el que mi equipo pone toda su pasión es el de entender por qué y cómo algunas personas y organizaciones son capaces de llevar a término sus ideas sistemáticamente, mientras que la mayoría lo hacen fortuitamente o no llegan a hacerlo nunca. Hemos entrevistado a cientos de los individuos y equipos que hacen que la vida sea más interesante: diseñadores, equipos emergentes de tecnología, ejecutivos de medios, escritores, emprendedores en serie, cineastas y muchos más. Nunca les hacemos preguntas típicas como «¿Qué te inspira?» o «¿De dónde vienen tus ideas?». Por el contrario, nos centramos menos en la creatividad y más en cómo estas personas se mantienen productivas y ejecutan sus ideas sistemáticamente.
Por el camino hemos conocido equipos de empresas reconocidas de todas las industrias, incluidas Apple, IDEO, Disney, Google, Zappos y Facebook, así como personas brillantes como Stefan Sagmeister, Seth Godin y Chris Anderson, que, a través de su recurrente ejecución de ideas, se han convertido en admirados líderes de pensamiento en el mundo creativo. Hemos aprendido que estos equipos e individuos no han llegado al éxito gracias a una misteriosa chispa de genialidad creativa, sino que todos ellos comparten muchas de las prácticas ejemplares.
En concreto, hemos descubierto que las personas y equipos creativos más productivos tienen mucho en común en lo que respecta a (1) una organización y ejecución inquebrantables, (2) la implicación de compañeros y el aprovechamiento de fuerzas colectivas y (3) las estrategias para el liderazgo en el emprendimiento creativo. Mientras que muchos de nosotros invertimos demasiada energía en perseguir la siguiente gran idea, mi investigación muestra que nos iría mucho mejor si desarrollásemos la capacidad de materializar las que ya tenemos; una capacidad que se mantenga en el tiempo.
Mi esperanza es que las enseñanzas de este libro te proporcionen una hoja de ruta para cultivar esa capacidad y, en última instancia, ayudar a que otras grandes ideas cobren impulso. La era que comienza está sembrada de problemas y oportunidades que requieren más innovación y originalidad que nunca. Ser más eficientes o baratos ya no es suficiente para mantenerse competitivos en un mercado global. Necesitamos concebir nuevas ideas para afrontar los problemas y oportunidades que nos rodean, y tenemos que enfrentarnos a las adversidades y hacer que estas ideas lleguen a materializarse.
Este libro ha sido escrito pensando en las personas y los equipos creativos: personas movidas por intereses profundos y dotadas de múltiples ideas de cómo llevarlos a término. Pero este libro no ha sido concebido simplemente para el estereotipo de «artista». John Maeda, presidente de la Rhode Island School of Design, lo expresa a la perfección: «No estoy a favor de que “artístico” o “creativo” signifique crear una imagen bonita. Todos los emprendedores que he conocido son artistas. Todos se ven obligados a sentirse cómodos con el fracaso. Para los emprendedores, el lienzo es su empresa».
Por qué la mayoría de las ideas no se llevan a cabo
Es una pena que cada día, en las manos de genios creativos, se conciban y se desperdicien tantísimas ideas con potencial para transformar nuestras vidas: nuevos medicamentos, modelos para negocios, atisbos de obras maestras musicales o esbozos de piezas de arte memorables. Las ideas que hacen que las industrias avancen no son el resultado de una visión creativa extraordinaria, sino más bien de una administración modélica. Sí, existe un método para la locura de transformar una idea en una realidad, solo que no es tan romántico como crees.
La vida y la muerte de las ideas
La creatividad es el catalizador de los logros brillantes, pero también su mayor obstáculo. Si examinas el curso natural de una nueva idea, desde la concepción hasta la ejecución, verás que prácticamente todas tienen una muerte prematura. Si te parece una exageración, piensa en las ideas que tú mismo has concebido pero nunca has llegado a implementar: una novela que querías escribir, un proyecto de negocio que querías lanzar, un restaurante que querías abrir… Para la mayoría, la lista sigue y sigue.
Las nuevas ideas se enfrentan a una dura batalla desde el momento en que son concebidas.
Los cínicos sugerirán que la muerte de la mayoría de estas ideas es para bien. Y es que, al final, desde la perspectiva del día a día, la sociedad parece prosperar en la conformidad. El statu quo es el carburante que impulsa al mundo; nos mantiene contentos y sanos. Incluso las empresas que alaban la innovación siguen obligadas a satisfacer a sus actuales clientes, a llegar a sus objetivos de ingresos y a mantener el rendimiento. Hasta cierto punto, el sistema inmune natural que extermina nuevas ideas en las grandes empresas es esencial. Al fin y al cabo, las ideas frescas tienen el potencial de hacernos cambiar de rumbo, rara vez son económicas —al principio— e introducen un riesgo tremendo en un sistema afinado con gran precisión. Así que no faltan motivos para que cada idea nueva deba enfrentarse a toda una serie de obstáculos antes de tener la oportunidad de materializarse. Por desgracia, estos obstáculos no distinguen las ideas buenas de las malas.
Pero más poderosos aún que los obstáculos a nuestro alrededor son los que están dentro de nosotros mismos. Las fuerzas más potentes a la hora de matar nuevas ideas son nuestras propias limitaciones. El tiempo es muy limitado, y, si a ello le sumamos las exigencias de familia, amigos, trabajo y sueño, la mayoría de las ideas pierde inercia enseguida. Aunque tu idea sobreviva el entusiasta periodo de romance inicial, es posible que caiga en el olvido porque, probablemente, tú seas la única persona que sabe de ella. La mayoría de las ideas surgen y desaparecen en soledad.
Incluso si cuentas con la determinación necesaria para perseguir una idea concreta, tu camino estará lleno de batallas. Independientemente de si trabajas solo o en equipo, terminarás atrapado en el desafío de mantener la productividad, la responsabilidad y el control. Estas sendas son física y psicológicamente extenuantes, y están sembradas de los cadáveres de ideas a medio hacer, que fueron abandonadas o se rindieron por el camino. La trágica realidad es que la mayoría de las nuevas ideas, más allá de su calidad y relevancia, nunca verán la luz del día.
Pero, por suerte, esta historia tiene otra cara. En todos los sectores y las actividades creativas hay personas que son sistemáticamente buenas, tanto generando como ejecutando sus ideas. Este libro ilustra cómo lo hacen.
La problemática de la creatividad: en contra de nuestra propia esencia
La promesa de hacer realidad ideas acarrea una problemática especial. Las fuerzas que nos ayudan a ser productivos y a ejecutar nuestras ideas están a menudo en contradicción con la fuente misma de esas ideas: nuestra creatividad.
Para entender lo que es vivir gobernado por nuestro lado creativo solo tenemos que ver el caso de Chad y Risa, dos personas que conocí hace tiempo y que padecían muchos de los conflictos que abundan entre la gente creativa.
Un conocido jefe de producción de uno de los principales estudios de cine se desesperaba al hablarme de Chad, uno de los guionistas más talentosos que había conocido. Chad escribía día y noche. A pesar de haber conseguido algunas películas decentes, tenía muchos más proyectos fallidos que acabados y saltaba de un agente a otro. Chad entraba en su correo electrónico «una vez a la semana o así». Los productores ejecutivos y los amigos íntimos de Chad decían lo mismo: es difícil contactar con él y es extremadamente desorganizado. No es capaz de estar pendiente de sus ideas, y algunas de ellas tienen potencial para encajar en varios proyectos.
«Por mi mente vienen y van giros narrativos todos los días», se lamentaba Chad en nuestra conversación.
Cuando señalé su dificultad para organizarse, empezó a ponerse a la defensiva. Me recordó que él era escritor, que adoraba su trabajo y que escribir era lo que mejor hacía.
«Escribir es puro caos, y escribir es mi esencia», proclamó.
Pero luego admitió que se preguntaba qué beneficios podría descubrir si pusiese un poco de orden en sus cosas.
Una nueva perspectiva sobre la organización marcó la dife¬rencia. Chad necesitaba un sistema que capturase todas sus ideas incipientes y que, a la vez, canalizase su energía hacia proyectos que requerían acción. Chad, que se autodenominaba «tecnófobo», creó un sistema sobre papel que indicaba de manera bien visible los pasos que tenía que seguir para sus proyectos más importantes. Dejó de vivir a merced de las notas de pósit y luchando por estar al día con sus correos. En su lugar, adoptó una serie de principios, e incluso algunos rituales, que le permitían concentrarse en los aspectos prácticos de sus proyectos más importantes sin abandonar el proceso creativo. Tras una introducción completa al Action Method, tú también empezarás a reconsiderar tu propia perspectiva sobre la organización tanto en proyectos personales como profesionales.
Y ahora echemos un vistazo a la vida de Risa. Como estudiante del comportamiento humano, entusiasta de la filosofía y pensadora incansable, Risa se pasó años trabajando en una nueva teoría sobre el desarrollo social de los niños sin padres. Aunque sus ideas llenaban cientos de páginas de notas, cuando la co¬nocí aún le costaba darle forma al proyecto. Solo compartía sus ideas con un puñado de personas y rara vez revisaba sus escri¬tos, optando siempre por empezar algo nuevo. No le interesaban mucho las opiniones de los demás, pero se pasaba horas hablando de la necesidad de su trabajo y de la extensa aplicabilidad de sus hallazgos. Sin duda, Risa era una mujer extraordinariamente apasionada y talentosa.
En su camino había ido saltando de trabajo en trabajo. Su voz se volvía un hilo trémulo de decepción cuando trataba de justificar los proyectos a medio hacer que se habían ido acumulando con los años. «Aún no he llegado a nada», admitía. Sumida en un mar de excusas, Risa no era capaz de explicar qué era exactamente lo que frenaba su progreso. No era capaz de hacer realidad ninguna de sus ideas.
Risa era una mente brillante abandonada a su suerte. Sin otras personas que cuestionasen sus ideas y la obligasen a asumir cierta responsabilidad, vagaba perdida. El punto de inflexión en su caso llegó al empezar un blog e involucrar a un buen amigo que se convirtió en su mentor, y al unirse a un coloquio local de filosofía donde podía intercambiar ideas con otras personas todas las semanas. Sus ideas dispersas se transformaron en un conjunto de proyectos más definidos. Con el tiempo, los años de investigación de Risa resultaron en la publicación de un libro que fue acogido con grandes elogios. Para ella, las fuerzas de la comunidad marcaron la diferencia.
Las historias de Chad y Risa ilustran algunos de los conflictos de la mente creativa. Hacer realidad las ideas se reduce a menudo a una batalla contra nuestra propia esencia. Y no basta con tener una mente creativa brillante.
En este libro me centraré en líderes y equipos creativos de todos los sectores que consiguen, una y otra vez, hacer realidad sus ideas. Uno de esos líderes es Jonathan Harris. Híbrido único de artista, intelectual y tecnólogo, la mejor forma de describir a Harris es como narrador y antropólogo de Internet. Aunque se graduase en Princeton, su carrera no tiene nada de tradicional. La pasión de Jonathan, tal y como él la describe, es desarrollar ideas que «empiezan con una pregunta muy básica sobre el mundo» y exploran «el papel de las historias como cápsulas de tiempo».
Una pasión tan extensa como esta podría descartarse por ser la típica ambición creativa sin salida. Pero Jonathan ha sido excepcionalmente productivo en sus iniciativas creativas. Antes de cumplir los veintiocho, ya había recibido premios por varias producciones web que ampliaban los límites de la
interacción humana con la tecnología. Sus proyectos —«We Feel Fine», un experimento global online sobre la emoción humana que te permite observar a miles de personas expresando el mismo sentimiento a la vez; «Phylotaxis», una exploración de la intersección entre ciencia y cultura; y el aclamado «Whale Hunt», un documental que empleaba una cámara montada en la cabeza para hacer fotografías automáticamente cada pocos minutos durante un viaje de caza de ballenas en Alaska— fueron todos ideas que llegaron a materializarse.
El trabajo de Jonathan ha aparecido en la CNN, en la BBC y en Wired, y ha sido expuesto en el Centre Pompidou de París y en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York. En definitiva, para Jonathan, su flujo incesante de ideas no es un obstáculo.
A simple vista, sus ideas pueden parecer demasiado sofisticadas o vanguardistas como para conseguir cierta inercia, pero son capaces de desafiar las expectativas sistemáticamente. Así, Jonathan, con su lucha sin descanso por llevar las ideas a la práctica, les da todas las oportunidades para fructificar.
«Yo creo que hay dos fases», me explica. «En la primera simplemente estás captando señales del éter. Las ideas se van acumulando con el tiempo hasta que un día salen a la luz mientras te duchas. La segunda fase es cuando decides “venga, voy a ir a por esta”.
Y, una vez has decidido, la mentalidad a partir de ahí es otra, al menos en lo que respecta a esa idea en particular, porque te vuelves más racional, más lógico, más disciplinado. Ya no se trata tanto de recibir como de sintetizar, destilar y, finalmente, producir. Y creo que esto es algo con lo que muchos creativos tienen problemas, porque la primera fase es una forma de vida más placentera, pero la segunda es el único modo de llevar realmente algo a cabo».
Jonathan está convencido de que toda unidad creativa de éxito tiene que sentirse cómoda alternando entre ambas fases: ideación y ejecución. Cuando Jonathan habla de su manera de abordar proyectos y dinámicas de trabajo, se nota inmediatamente el valor que otorga a la autodisciplina y a la simplicidad. También te das cuenta enseguida de que empieza sus proyectos con un objetivo claro: que sea viable con un público. Aunque su trabajo le proporciona satisfacción personal, su propósito es que llegue a otra gente.
Muchas personas afirman que crean únicamente para sí mismas, que la concepción y la materialización de una idea son solo un medio para la autorrealización y nada más. Pero este argumento es egoísta: una idea ejecutada para un público de una sola persona es un tremendo gasto de inspiración y valor potenciales para un bien mayor.
«Creo que, si nos imaginamos el trabajo como un virus que va a llegar a mucha gente», explica Jonathan, «es bueno darle una forma que permita optimizar el número de personas a las que alcanzará, y eso puede significar cosas distintas. Puedes hacer algo fácil de consumir y convertirlo en una miniserie de HBO, o algo relativamente fácil de consumir y convertirlo en una obra que pueda acabar en un museo de arte, o algo que sea difícil de consumir y convertirlo en lo que haces en el sótano de tu casa».
Jonathan es otro de los miembros de esa cuadrilla de profesionales creativos que han podido superar los retos que presenta la psique creativa. Los atributos que personifica son comunes entre las personas que habitualmente ponen sus ideas a trabajar.
Los líderes y equipos creativos más excepcionales que he conocido son capaces de generar un excedente de ideas con disciplina y aplomo. Sustentan su energía creativa con un supremo sentido de la organización.
Como profesionales, tienen que superar el estigma de la autopromoción y apoyarse en sus comunidades para asumir la responsabilidad que les toca. Y, como líderes, son capaces de formar y guiar equipos que prosperan.
La calidad de las propias ideas no es tan importante como la plataforma sobre la que se materializan. Debes darte cuenta de que quien controla la plataforma de tus ideas eres tú.
Las fuerzas que hacen que las ideas se materialicen
Este libro se divide en tres secciones, y cada una de ellas presenta un conjunto de herramientas esenciales para materializar ideas: Organización y ejecución; Las fuerzas de la comunidad y La capacidad de liderazgo. Por supuesto, también está la idea en sí, el catalizador. Pero, a efectos de este libro, te dejaré a ti lo de la inspiración creativa y las ideas.
Hacer realidad las ideas = (la idea) + organización y ejecución + fuerzas de la comunidad + capacidad de liderazgo
La capacidad de llevar ideas a término está definida por la confluencia de los tres componentes clave de la ecuación expuesta aquí. Alcanzar tu máximo potencial requiere dominar el complejo equilibrio de esas tres fuerzas en juego —ya estés trabajando solo o con un equipo. Analicemos brevemente la relevancia de estos tres componentes:
Organización y ejecución. Es incuestionable que tu manera de entender la productividad determina en gran medida los resultados creativos. Es posible que la forma en que organizas tus proyectos y priorizas y gestionas tu energía sea más importante que la calidad de las ideas que quieres llevar a cabo.
Esto no es nada nuevo. La necesidad de mantener una buena organización ha sido documentada en incontables libros. Nuestra hambre de soluciones sencillas se hace patente en el enorme éxito de los libros orientados a la metodología y de los blogs sobre productividad.
Sin embargo, pocos han explorado la organización y la ejecución en el contexto de la mente creativa o dentro de nuestro cambiante mundo laboral. Los creativos siempre han representado uno de los grupos más móviles dentro de la población activa, y esta tendencia se está extendiendo al mundo de los negocios en general.
El número de trabajadores autónomos, temporales y a media jornada, así como el de pequeños empresarios, está creciendo cada día. Muchas empresas contratan a gente para programas en rotación que solo duran dos años. Prácticas como el «daylighting» —en la que un trabajador contratado hace trabajos creativos personales durante un 10 o un 20 % de su horario laboral— están ganando popularidad, ya que hay empresas, Google entre ellas, que defienden su eficacia. Incluso las empresas tradicionales más orientadas a los contratos «de por vida», como General Electric o IBM, están reconociendo el valor de una breve formación experiencial por encima de una oportunidad laboral para toda la vida.
Esto quiere decir que, independientemente de tu sector, la vida profesional se está volviendo más nómada, digital y flexible. Pero, como alguien sabio dijo una vez —y como bien sabe cualquier dueño de una pequeña empresa—, «la libertad total implica responsabilidad total». A medida que el lugar y la forma de trabajar se flexibilizan, la responsabilidad de la organización recae cada vez más en el individuo. Por tanto, la productividad ya no se basa en cómo de eficiente eres en el trabajo, sino en tu capacidad de generar impacto en lo que te importa de verdad.
Tal vez te preguntarás: «¿Cómo puedo mantener la organización en medio del caos diario de resolver tareas y gestionar proyectos, y conservar la suficiente claridad mental para ser creativo?». Hay métodos y trucos sorprendentemente prácticos que pueden convertirse en tus dispositivos de control para llevar ideas a cabo. A medida que vayamos abordando ejemplos y temas comunes entre las personas que son especialmente productivas, empezarás a ver que es en la intersección entre energía creativa y destreza organizativa donde las grandes ideas se transforman en acción y, finalmente, en logros revolucionarios.
Aprovechamiento de las fuerzas colectivas. He observado que, de manera generalizada, las personas y los equipos más productivos y exitosos sacan provecho del poder de la comunidad para darle un impulso a sus ideas. La utilización de las fuerzas colectivas reporta una información valiosísima y refina las ideas, forja y nutre relaciones beneficiosas y conforma un tejido conectivo que proporciona recursos, apoyo e inspiración.
Como escribe el psicólogo Keith Sawyer, discípulo de Mihaly Csikszentmihalyi —autor del famoso libro sobre creatividad Fluir (Flow): Una psicología de la felicidad—, en su libro Group Genius, publicado en 2007: «Toda gran invención emerge de una larga secuencia de pequeñas chispas. La primera idea no suele ser demasiado buena, pero la colaboración hace que, más adelante, esta idea encienda otra o sea reinterpretada de una manera inesperada. La colaboración reúne distintas chispas y genera innovaciones rompedoras».
Aunque en el pasado existía la noción de genio solitario —y Sawyer defendería que no es así—, no cabe duda de que está muy pasada de moda en el siglo XXI. La hiperconectividad posibilitada por Internet ha actuado como un enorme acelerador de estas chispas que alimentan el refinamiento de las ideas. Prácticamente todas las personas y empresas con las que he hablado han aprovechado el poder de la web para alcanzar muchos de los objetivos que abordaremos en la siguiente sección: recabar opiniones, afinar ideas y compartir y promocionar el trabajo terminado.
Echaremos un vistazo, entre otras cosas, a cómo Tonny Hsieh (director general de Zappos) utiliza Twitter para aumentar la transparencia y buscar inspiración; a cómo el autor de superventas y editor jefe de Wired, Chris Anderson, se apoya en una comunidad de lectores comprometidos para perfeccionar sus revolucionarios teoremas, y a cómo el estratega comercial Noah Brier recopila opiniones para mejorar sus experimentos web.
Por supuesto, Internet es solo uno de los medios para acceder a tu comunidad y construirla. Los conceptos y observaciones que voy a tratar no se limitan a ningún medio en concreto y pueden aplicarse de muchas maneras diferentes, dependiendo de tu personalidad y de lo que sea más apropiado para ti.
Pero, sea cual sea tu preferencia, no me cansaré de recalcar la importancia de recurrir a las fuerzas colectivas que te rodean:
la comunidad abre una puerta a nuevas perspectivas sobre viejos problemas y estimula el instinto creativo. La responsabilidad, uno de los beneficios clave de involucrarte en tu comunidad, es lo que te hace persistir en tus ideas. Cuando asumes cierta responsabilidad frente a otros, tus impulsos creativos se convierten en proyectos tangibles: tus ideas echan raíces. La comunidad fortalece tanto tu energía creativa como tu compromiso por canalizarla.
El liderazgo en las iniciativas creativas. La historia la hacen las personas y las organizaciones apasionadas y creativas que tienen la rara habilidad de liderar a los demás… y a sí mismas. La capacidad de liderazgo es lo que permite que perseguir una idea sea sostenible, escalable y, en definitiva, que tenga éxito. Por desgracia, existe un gran vacío de capacidad de liderazgo en el mundo creativo, como lo demuestran la elevada tasa de desgaste y las frecuentes catástrofes de gestión en todas las industrias creativas. Cuando los empleados dejan un equipo creativo, suele ser resultado de un conflicto interpersonal o de no sentirse estimulados con el tema de trabajo; rara vez es una cuestión de dinero.* Para iniciar y sostener proyectos creativos, debes ser capaz de mantener a otras personas interesadas en tus ideas.
La capacidad de liderar implica tanto tu liderazgo frente a otras personas como el de ti mismo. Probablemente, uno de los mayores obstáculos a la hora de implementar ideas son las flaquezas personales, barreras psicológicas comunes a las que las mentes creativas se enfrentan cuando ejecutan sus ideas. Muy pocas de las prolíficas y productivas personas creativas que aparecen en este libro lo son «de nacimiento». Aunque exista un flujo abundante de ideas, los métodos que hay tras la capacidad de llevarlas a cabo son, a menudo, poco evidentes. En cierto modo, la autodisciplina y las restricciones necesarias para ejecutar una idea pueden parecer una concesión enorme para tu esencia como persona creativa. He terminado por llamar a esta noción «la concesión creativa», porque tienes que prepararte para adoptar nuevos límites y hábitos que al principio te parecerán incómodos. Nunca tendrás que ceder en lo que respecta a tus valores o tu integridad artística, pero sí ejercer cierto control sobre tus tendencias destructivas. Tal vez tengas la tendencia de saltar de idea en idea sin llegar a seguir ninguna en particular.
Curiosamente, he hablado con muchos profesionales de recursos humanos de agencias creativas que afirman que las razones más comunes para abandonar el trabajo, por lo que se dice en las entrevistas de despedida, están más relacionadas con la gestión o la motivación que con los salarios.
O quizá tiendas a incubar tus ideas en privado. Es posible que evites las opiniones por miedo a las críticas y que, cuando las recibas, subconscientemente encuentres la manera de ignorarlas. Todas las personas con el don de la creatividad tienen una serie de tendencias que pueden convertirse en obstáculos. El camino hacia una vida más prolífica como líder creativo empieza con una autoevaluación sincera de quién eres, de esas tendencias y de cuáles son las mayores barreras a las que te enfrentas.
Tienes que empezar a repensar tu forma de relacionarte con tus ideas, con tu comunidad de colaboradores y contigo mismo. Cuando abordemos el liderazgo en el contexto de la actividad creativa, reconsideraremos los sistemas de recompensa que gobiernan nuestras acciones y veremos cómo manejar la delicada química dentro de un equipo creativo.
Un último apunte antes de comenzar
Por supuesto, aunque adoptes todas las prácticas recomendadas en este libro, hacer realidad las ideas no será nunca una tarea fácil. En los cientos de entrevistas realizadas durante la investigación para este libro, no me encontré con ninguna persona o equipo que no sintiera frustración. Cualquier cosa que sea novedosa va a contracorriente; e ir a contracorriente es incómodo. Tu aspiración aquí debería ser mejorar tu enfoque, y tu responsabilidad, dar una oportunidad a tus ideas.
Este libro es eminentemente práctico y está repleto de métodos que han funcionado para otras personas. Todos los consejos y observaciones son breves y aplicables, para que puedas poner en práctica lo que aprendas inmediatamente y tener estas páginas como recurso cuando te enfrentes a distintos retos a lo largo de tu carrera. Algunas secciones te resultarán más mecánicas que otras. Recuerda que la puesta en práctica no es un camino de rosas.
Sin embargo, el esfuerzo por desarrollar tu capacidad de materializar ideas merece la pena. Las prácticas destacadas que se presentan en este libro están para que las digieras, las examines y las modifiques como mejor te convenga. Ojalá saques algún que otro hallazgo clave que marque la diferencia para ti.
La conversación seguirá online, donde una red de miles de equipos y personas creativas como tú está deseando dar impulso a sus ideas. Espero que puedas encontrar material provechoso para tu aprendizaje a medida que avanza nuestra investigación en el laboratorio de ideas online (the99percent.com) y en la comunidad Behance Network (behance.net), y también que llegues a hacer tus propias contribuciones.
© Scott Belsky